martes, diciembre 31, 2013

Un notable poemario de Manuel Fernández



En la promoción de poetas surgidos en la primera década de este siglo, destaca nítidamente Manuel Fernández (Breña, 1976). Ha publicado Octubre (2006), un poemario que fue calificado positivamente por la crítica especializada. Ahora nos entrega La marcha del polen (Lima: Estruendomudo, 2013. 86 pp.) En este  libro sobresalen el buen manejo de la musicalidad del poema y el gran proyecto de hacer una poesía de corte épico, pues busca reconstruir la historia de su terruño, es decir, Breña. Trata, además, de situar dicha historia entre el auge de la utopía del socialismo y la caída de esta. El poemario se halla estructurado en seis partes. En la primera (“Fundación de Beña”) se relata no solo el surgimiento del distrito del locutor, sino la llegada de la modernidad (“el progreso”) y de la industrialización,  a través de un “fresco” donde se dan cita la invasión de los espacios urbanos, el sindicalismo, la utopía socialista, la religiosidad centrada en el culto a la Virgen y la llegada del Papa. En la segunda (“Sobre los paisajes de la locura”) se concibe que la vida es un paisaje abrumado de corporeidad, del movimiento de los afectos y el contexto familiar. Ya no es el amor entre Romeo y Julieta o entre Hamlet y Ofelia, sino entre el mondongo y la azucena.  “Hospital del niño” es un intenso poema que relata el ir y venir de las enfermeras, el parto inminente y una reflexión del tiempo asociado al nacimiento: “hay flores que crecen y mueren confundidas/ atacadas por el frío de un invierno crudísimo/ mientras algunos parlamentos se escriben confusos en mi memoria” (p. 35). En la tercera parte (“Carteles luminosos inundan Breña”), vemos el funcionamiento de un solo poema heredero del prosaísmo de la poesía de los años setenta. Se elimina la puntuación a la manera vanguardista y se reitera la conjunción “y” para aglutinar los contenidos del texto, recurso empleado por poetas como Pablo Neruda en Residencia en la tierra. En la cuarta (“Estados pontificios”), aparece “La marcha del polen”, donde una de las figuras centrales es el papa Karol Wojtyla (la otra es Walesa) y se desarrolla, además, la caída de la fe en el paradigma. Los dogmas, en la denominada era posmoderna, se vienen abajo: la democracia y los valores cristianos, por ejemplo. En la quinta (“La oración del fin”), el locutor alude a la posibilidad de reinventar el amor en condiciones ciertamente difíciles: “ámame esta noche sobre los paisajes de la locura/ mientras que los náufragos contemplan el naufragio” (p. 81). En la sexta y última parte (“Anexos”), hay un homenaje póstumo a un personaje vinculado a la infancia del poeta: Abdón Sánchez. Además, hay unos poemas de adolescencia donde se evoca el colegio como un espacio de calma y de armonía.
La marcha del polen es un notable poemario por el ambicioso proyecto de poesía de tono épico que formula y el manejo de las referencias culturales (hay una evocación a Ezra Pound, “mi amigo inconfesable”, como decía Luis Hernández). Sin embargo, pienso que existen algunos recursos estilísticos (léase lugares comunes) que Fernández debería evitar en su próximo poemario: la imagen de las luces de neón, tópico recurrente de la retórica de la poesía de los años setenta; y, asimismo, el empleo de las mayúsculas (“ESTA NOCHE ESCRIBES ESTA CARTA”, por ejemplo), recurso gastado de la poesía vanguardista de los años veinte del siglo pasado. Al margen de esas objeciones, Fernández revela un cuidadoso trabajo con la escritura y un compromiso con la palabra que lo convierte en uno de los poetas peruanos jóvenes más talentosos de los últimos años.


sábado, diciembre 28, 2013

Un nuevo libro de David Sobrevilla



Filósofo de renombre, profesor universitario, investigador infatigable y autor de una prolífica obra, David Sobrevilla (Huánuco, 1930) es autor de libros imprescindibles como Repensando la tradición occidental. Filosofía, historia y arte en el pensamiento alemán (1986), Repensando la tradición nacional (2 volúmenes, 1988 y 1989), César Vallejo, poeta nacional y universal (1994), entre otros. Una de las labores que ha emprendido con entusiasmo, hace algún tiempo, ha sido la de repensar la obra de José Carlos Mariátegui a la luz de los nuevos aportes en el ámbito de la filosofía y de las ciencias sociales en el mundo actual. Al estudio de la obra del Amauta, le ha dedicado un notable libro: El marxismo de Mariátegui y su aplicación a los 7 ensayos (2005). En esa misma senda se ubica Escritos mariateguianos. Artículos y reseñas en torno a José Carlos Mariátegui y su obra (Lima: Fondo Editorial de la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, 2012. 244 pp.) Sin duda, Sobrevilla maneja en sus libros una bibliografía sobre Mariátegui que es muy completa, de manera que ha leído textos sobre el Amauta que han sido publicados no solo en español, sino también en alemán, inglés, italiano y francés, entre otros idiomas.
Escritos mariateguianos se halla dividido en dos partes: artículos y reseñas. En la primera, hay ocho ensayos; en la segunda, siete comentarios a libros de reciente aparición sobre la obra mariateguiana. En el primer ensayo (“La visión estética del arte y de la literatura de su tiempo”), Sobrevilla subraya cómo Mariátegui toma en cuenta tres criterios para calibrar la importancia de una obra de arte: 1) el realismo de la obra artística, 2) la novedad de la misma y 3) la capacidad del arte para que “obre revolucionariamente” si manifiesta la fe en un mito (p. 29).
En el segundo ensayo (“La visión de la política mundial en La escena contemporánea”), el filósofo peruano estudia cómo Oswald Spengler influyó en Mariátegui, pues, para el pensador alemán, toda cultura tenía un nacimiento, juventud, vejez y muerte. El Amauta realizó, según Sobrevilla, una interpretación marxista de aquellas ideas de Spengler y consideró que la sociedad capitalista iba camino a su desaparición; en cambio, la socialista podría superar la crisis y vencerla. La crisis mundial, para el Amauta, tiene una arista económica (un país  puede haber logrado su independencia política, pero seguir sojuzgado desde el punto de vista económico), un aspecto político (Mariátegui analiza el surgimiento de las revoluciones, el nacionalismo y el fascismo) y otro ideológico (y artístico), pues el relativismo de Einstein y de Spengler ha llevado a una crisis artística que es el producto de surgimiento de escuelas vanguardistas, las cuales anuncian la decadencia del orden capitalista.  
En el tercero, Sobrevilla aborda la importancia de la revista Amauta en tanto revista política, pues allí se discutían problemas internacionales. Se sabe que Mariátegui proyectó que su revista se llamara Vanguardia, pero luego le cambió el nombre por Amauta. César Falcón consideraba que dicha publicación no iba a llamar la atención de la clase trabajadora, pero no fue así. Asimismo, es necesario reconocer que, durante algún tiempo, la revista estuvo volcada fundamentalmente al análisis de textos literarios y obras de arte.
En el cuarto (“La tesis de Mariátegui sobre el carácter feudal de la economía colonial peruana”), el filósofo peruano discute una tesis de Mariátegui: el carácter feudal de la economía colonial en el Perú. Sobrevilla considera, sobre la base de un análisis minucioso, que dicha tesis no es defendible, pues, sustentándose en Immanuel Wallerstein (El moderno sistema mundo), considera que en la encomienda se desarrolló el embrión de una economía capitalista y, además, en el Virreinato la minería jugó un papel más esencial que la agricultura en el ámbito económico: “los encomendados no eran vasallos del señor feudal sino del rey” (p. 85).
En el quinto (“La visión del mito en José Carlos Mariátegui, Mariano Iberico y Luis Alberto Sánchez”), el autor compara la visión de tres autores acerca del mito. Influido por Spengler, Eucken y Sorel, Mariátegui considera que el ser humano necesita un mito, una especie de ideal que oriente su vida y le permita construir un mundo nuevo. Iberico consideraba que en América Latina no había mito, entonces no existía un alma popular. Por su parte, Sánchez señala que en América Latina ha habido mitos y ejemplifica este hecho mencionando los relatos de Manco Cápac y de Pachacámac, entre otros. La conclusión a la que llega Sobrevilla es que Iberico y Mariátegui desconocieron las tradiciones literarias indígenas donde se manifiestaba un ostensible pensamiento mítico
En el sexto (“Prada y Mariátegui”), Sobrevilla realiza un análisis comparativo entre el pensamiento del Amauta y el del autor de Pájinas libres. Mariátegui considera que González Prada fue más literato que político. Acusa a este último de no haber podido fundar el socialismo peruano. Por su parte, González Prada, en uno de sus últimos artículos, compara al anarquismo con el socialismo. Según Prada, este último es muy reglamentarista y opresor “como el Estado” (p. 133); por el contrario, el anarquismo recusa todo sometimiento del individuo a las leyes. El autor de Horas de lucha concibe que el socialismo autoritario concede una preeminencia a “la captura del poder” (ibídem). Este ensayo es muy ilustrativo porque revela cómo González Prada se anticipó genialmente a lo que llamaremos después la crisis del socialismo real.
En el séptimo (“Mariátegui e Iberico”), el autor de Repensando la tradición occidental estudia cómo Iberico comenzó su carrera como filósofo bajo la impronta del positivismo, luego abrazó el espiritualismo de Henri Bergson y desplazó su interés de lo estético a lo religioso. Iberico y Mariátegui coinciden en que había un sentimiento de crisis generalizada en la época en la cual les tocó vivir. Iberico no creía en el proyecto socialista de Mariátegui y, por lo tanto, consideraba que en la regeneración del sentimiento religioso estaba la solución de la crisis del hombre en aquella época.
En el octavo y último ensayo (“La recepción de los 7 ensayos en las ciencias sociales peruanas”), Sobrevilla explicita los períodos de recepción de los 7 ensayos: 1) Etapa inicial (desde 1928 hasta finales de los años cincuenta del siglo pasado), donde se perciben la lectura de Víctor Andrés Belaunde, la del aprismo y del marxismo ortodoxo, 2) Segunda etapa (desde finales de los años cincuenta hasta 1989), donde se señala que Mariátegui fue, sobre todo, un marxista heterodoxo, y 3) Tercera etapa (desde 1989 hasta el presente), donde se trata de indicar los aportes y limitaciones del pensamiento mariateguiano, dicha época concuerda con “la crisis del marxismo real existente”  (p. 171).
En cuanto a las reseñas sobre libros dedicados a Mariátegui, Sobrevilla discute los aportes de autores como Jorge Gaete, Narciso Bassols, Marc Becker, Francis Guibal, José Morales Saravia, Michael Pearlman y Jorge Oshiro. En el libro de Gaete, observa una preocupación desmesurada por el estudio del lenguaje en la ensayística de Mariátegui. En el texto de Bassols, nota vacíos bibliográficos. En tesis universitaria de Oshiro, Sobrevilla discute que Mariátegui deba ser entendido, únicamente, sobre la base de la filosofía de Spinoza.

Escritos mariateguianos es un libro muy valioso para comprender el pensamiento de Mariátegui porque aborda de manera mesurada los aportes y las falencias que se evidencian en este último. Además, Sobrevilla evidencia un buen manejo del análisis comparativo y una lectura crítica de la bibliografía centrada en el análisis de la obra del Amauta.

miércoles, diciembre 25, 2013

Un libro de cuentos de Orlando Mazeyra





El cuento es un género que exige una gran capacidad de síntesis, mientras que la novela posibilita abordar un mundo representado más vasto. En tal sentido, el cuentista debería calibrar cada palabra como lo hace el poeta y buscar el afinamiento estilístico. En un buen cuento, ninguna palabra tiene que sobrar. He ahí el ideal de todo hacedor de relatos cortos. Orlando Mazeyra Guillén (Arequipa, 1980) ha publicado dos volúmenes de narrativa: Urgente: necesito un retazo de felicidad (2007) y La prosperidad reclusa (2009). 
Este año ha visto la luz su tercer libro: Mi familia y otras miserias (Lima: Tribal Editores, 2013. 155 pp.), un conjunto de cuentos de estilo realista que exploran de temas como el alcoholismo, la soledad, el suicidio, la voluntad parricida, entre otros. Destacan el uso del diálogo, la caracterización de los personajes y la musicalidad de la prosa, la cual, salvando las distancias del caso, hace recordar, en sus mejores momentos, a Julio Ramón Ribeyro.  Dos cuentos notables de Mazeyra son "Mi primera máquina de escribir"  y "De cómo mi padre se fue al infierno". En el primero, aparece la funesta figura del padre, quien desea que su hijo sea militar y deje la tarea de convertirse en escritor. En el segundo, se hace una radiografía de la atmósfera familiar a través de la figura del progenitor castrante: "Él cumplió su palabra: nos hizo mierda la existencia hasta que un derrame cerebral trajo, por fin, quietud a ´su casa´. Mis hermanos no pudieron despedirse de él. Mi madre lo besó en la frente y se puso a rezar en medio del llanto" (p. 36). 
En lo que concierne a los aspectos discutibles del libro, quisiera mencionar una obsesiva inclinación por las referencias autobiográficas. Por ejemplo, en la página 126, se dice que "´Este personaje es el Mazeyra´". Ello limita, un tanto, la capacidad de fabulación del artista y no permite al autor asumir plenamente la escritura como ejercicio ficcional de enorme poder simbólico. Asimismo, hay, en el libro, el funcionamiento de ciertos lugares comunes como el escritor maldito que busca suicidarse o el alcoholismo como una forma de evadir la complejidad de la existencia.
Al margen de ello, Mi familia y otras miserias es un interesante libro que revela  la madurez de Mazeyra como un escritor seguro de sí mismo y dueño de una prosa fluida y sugerente. Recomiendo la lectura de este volumen que atrapa al lector desde la primera página.

martes, diciembre 17, 2013

Un nuevo libro de Carlos García-Bedoya Maguiña










Profesor principal de la Universidad de San Marcos y discípulo de Antonio Cornejo Polar, Carlos García-Bedoya Maguiña (Lima, 1955) ha publicado dos libros importantes: Para una periodización de la literatura peruana (1990, 2da. edición ampliada y corregida en 2004) y La literatura peruana en el período de estabilización colonial  (2000). Estudió y se graduó de Doctor en Literatura por la Universidad de Pittsburgh, y fue profesor visitante en las universidades de Montréal (Canadá) y en Darmouth College (USA). Sus prinicipales campos de investigación son la historia literaria, la literatura peruana colonial y la literatura francesa. 

En 2012, García-Bedoya dio a conocer un tercer libro: Indagaciones heterogéneas. Estudios sobre literatura y cultura (Lima: Pakarina, CELACP y Facultad de Letras de la UNMSM. 291 pp.) El título del volumen trae a la memoria la teoría de Antonio Cornejo Polar acerca del carácter heterogéneo de nuestra literatura. La peruana es una literatura donde conviven tres sistemas: el de la literatura "ilustrada" en castellano, el de las literaturas populares en español y, por último, el sistema de las literaturas aborígenes. Un escritor, como José María Arguedas, se sitúa en el primer sistema; pero se nutre de elementos del tercero como la cosmovisión andina y los cantos en quechua.
En Indagaciones heterogéneas,García Bedoya asume la postura de los estudios culturales sin caer en el análisis meramente contenidista ni despreciar el abordaje de los elementos formales de una novela o un cuento, sino que confronta la serie social con la literaria sobre la base de un cuidadoso análisis de los géneros literarios y de los procedimientos estilísticos de la narrativa tanto latinoamericana como peninsular. 

Se trata de un libro miscelánico que se halla dividido en cuatro partes. En la primera ("Indagaciones teóricas"), el autor apuesta por  una perspectiva transdisciplinaria, es decir, los especialistas " deben ser capaces de situar su campo de estudio dentro del contexto global de la cultura" (p. 24). Asimismo, subraya cómo se tendría que propugnar no una globalización cultural, sino una mundialización intercultural que se asiente en la reflexión sistemática acerca de la hibridez, de la transculturacion y de lo fragmentario para acceder a una totalidad heterogénea (no exenta de contradicciones) y al análisis de lo que García Canclini llamaba "la coexistencia de tiempos históricos diversos" con el fin de identificar los rasgos distintivos de la literatura latinoamericana. 

En la segunda parte ("Indagaciones latinoamericanas"), García-Bedoya aborda el análisis de obras de escritores de la nueva narrativa latinoamericana como Alejo Carpentier o Miguel Ángel Asturias y allí destaca dos vertientes: a)la  vanguardista (deudora de los aportes de James Joyce) que tiene como representantes a Juan Rulfo, Mario Vargas Llosa, Augusto Roa Bastos, Julio Cortázar, José Donoso, Gabriel García Márquez, entre otros, y b)la heredera de Franz Kafka  que tiene en Juan Carlos Onetti y Ernesto Sábato a dos de sus más preclaros representantes. Resulta muy ilustrativo el estudio de la obra de Asturias, en particular de Hombres de maíz (1949) y su revaloración de lo indígena.

En la tercera parte ("Indagaciones peruanas") se observa cómo García-Bedoya tiene predilección por ciertos temas de la literatura colonial. Por ejemplo, analiza el papel del discurso criollo y del andino en la producción peruana colonial. Resulta, además, interesante cómo plantea que El mundo es ancho y ajeno es, para el investigador sanmarquino, la más importante novela peruana de todos los tiempos. Es importante subrayar que el crítico pasa revista a la constitución del canon literario peruano. ¿Qué es el canon? "[U]n elenco de los autores y las obras literarias más destacadas y/o más representativas de su respectiva tradición" (p.[151]). Sobre la base de la idea de que la nación constituye una entidad de carácter plural y profundamente heterogéneo, García-Bedoya distingue un canon oligárquico que se manifiesta bajo el régimen de la denominada república aristocrática. Mariátegui y Sánchez cuestionan dicho canon; sin embargo, solo  a partir de los años cincuenta del siglo XX, se configura un canon posoligárquico o alternativo, luego de la caída de la dictadura de Odría.

En la cuarta parte ("Otras indagaciones"), el investigador asedia algunas obras fundacionales de la literatura peninsular: La Celestina y Don Quijote. Premunido de un aparato teórico interdisciplinario, García-Bedoya demuestra el conocimiento de autores como Bajtin, Lukács y Auerbach para desentrañar la problemática de la novela como género discursivo y el surgimiento de la novelística moderna. Se sustenta que La Celestina es un antecedente de la picaresca y de la narrativa de Cervantes. Asimismo, se señala cómo Don Quijote es una novela llena de dialogismo y donde se revela el mecanismo polifónico, estudiado por Bajtin.

Indagaciones heterogéneas es un libro notable por su claridad expositiva, manejo de la teoría literaria y perspectiva interdisciplinaria. Cuestiona la perspectiva eurocéntrica y continúa creativamente la reflexiones de Antonio Cornejo Polar sobre el carácter heterogéneo de la literatura latinoamericana.
Quisiera hacer, no obstante, algunas observaciones personales acerca del último libro de García-Bedoya. No estoy de acuerdo con el pesimismo que se manifiesta en el prólogo. Allí se afirma que, en el Perú, "es muy difícil hablar de especialización en nuestro precario mundo académico" (p. 12); " es mi anhelo que en el futuro esa mirada (periférica y limitada al ámbito europeo, anotado mío) pueda expandirse hacia otros horizontes más vastos y más diversos (pero es quizá un anhelo de difícil realización)" (Ibídem). Dicha actitud es poco estimulante para los investigadores jóvenes, quienes ven en Carlos García-Bedoya uno de los referentes más importantes de la investigación literaria en el Perú.






































viernes, noviembre 22, 2013

Presentación del libro de Eduardo Lino



Día: martes 26 de noviembre
Hora: 7:00 p.m.
Lugar: Instituto Raúl Porras Barrenechea (Calle Colina 398, Miraflores)
Presentadores: Selenco Vega y Camilo Fernández
Editorial: Fondo Editorial de la Universidad San Ignacio de Loyola


domingo, noviembre 17, 2013

Edgardo Rivera Martínez y Rodolfo Hinostroza obtienen el Premio Nacional de Cultura 2013







Edgardo Rivera Martínez y Rodolfo Hinostroza acaban de ser galardonados con el Premio Nacional de Cultura 2013. Un premio más que merecido para dos pilares de la tradición literaria en el Perú. Rivera ha producido una literatura "híbrida" en País de Jauja y "El Ángel de Ocongate" a través de un discurso transcultural y abiertamente heterogéneo. En cambio, Hinostroza ha optado por una reflexión cosmopolita de gran profundidad que aborda una gran variedad temática donde destaca, en particular, su crítica de los sistema totalitarios del poder. Tanto en Rivera como en Hinostroza sobresale la vena lírica. El poeta de Consejero de lobo subraya en "Imitación de Propercio": "Oh, César, oh demiurgo,/ tú que vives inmerso en el Poder, deja/ que yo viva inmerso en la palabra". Por su parte, Rivera, en "El Ángel de Ocongate", reflexiona sobre la identidad nacional a través de un texto que se sumerge en el temple desarraigado del ángel; el narrador emplea abundantes metáforas en dicho cuento lírico. Ha sido, además, un acierto que el Ministerio de Cultura haya dividido el premio en tres categorías: letras, artes visuales y escénicas, y ciencias sociales. De esa manera, permite la evaluación de la calidad de los candidatos con mayor objetividad y rigor.  En fin, celebremos la gran literatura releyendo las obras, siempre vigentes, de Edgardo Rivera  y Rodolfo  Hinostroza.

jueves, septiembre 26, 2013

El poema argumentativo de Marco Martos





    La poesía de  Marco Martos (Piura, 1942) destaca, en el ámbito de la lírica  peruana de los años sesenta, por su enorme versatilidad y el abordaje de los más diversos temas; asimismo, sobresale por el uso de distintos tipos de metro y estrofa. Martos ha empleado el verso libre, la sextina, el soneto, entre otras formas estróficas. Sin duda, el tono de esta escritura ha variado con el tiempo desde un temple irónico hasta llegar a una vertiente lírica que implica el diálogo proficuo con algunos de los grandes autores de la literatura occidental.

    Sobre la base de los criterios antes mencionados, es posible distinguir, en la obra poética de Martos, tres etapas:

1)El período de los inicios, que abarca los tres  primeros poemarios: Casa nuestra (1965), Cuaderno de quejas y contentamientos (1969) y Donde no se ama (1974). Aquí se observa el empleo de la ironía para desmitificar ciertas instituciones tradicionales como el matrimonio (”Casti connubii”) o la noción canónica de familia (“Muestra de arte rupestre”). Definitivamente  se observa, en esta etapa, la asimilación creativa no solo del coloquialismo anglosajón, sino también del legado de la poesía peninsular desde Garcilaso de la Vega, el poeta toledano, hasta Antonio Machado, preclaro representante de la generación del 98.

2)El período  de madurez expresiva, que comprende desde Carpe diem (1979) hasta los últimos poemas de Leve reino (1996). Se amengua la ironía corrosiva de Martos y es sustituida por un tono lírico que evoca la impronta de la poesía de San Juan de la Cruz, pero también recuerda al Eliot de Tierra baldía. Si comparamos “Casti connubii” (texto adscrito a la primera etapa) con “Rito” (de Carpe diem) podemos observar que en aquel predomina una visión desmitificadora respecto del amor idealizado, mientras que en este último hay la noción del ritual amoroso a través de la superación del tiempo histórico para acceder a un tiempo mítico sobre la base de la fusión de los cuerpos en el acto sexual.

3)El período del predominio de la vuelta a las formas tradicionales, que incluye desde El mar en las tinieblas (1999) hasta los últimos poemarios. Lo que predomina en este caso es el triunfo del diálogo interdiscursivo, pues Martos comienza a establecer lazos poderosos con la poesía de Dante Alighieri, San Juan de la Cruz, Homero, Virgilio, entre otros. Pareciera que Martos concibiera, a la manera de Jorge Luis Borges, que la historia está constituida por cuatro o cinco metáforas que se repiten incesantemente y a las cuales retornan los escritores de modo recurrente.

   El objetivo de este ensayo es plantear que algunos poemas de Martos, sobre todo los de la primera etapa, tiene un determinado cariz argumentativo.  Esta investigación continúa la senda de mi libro sobre Wáshington Delgado (Fernández:2012). Para ello, analizaré un texto de Martos muy representativo al respecto: “Muestra de arte rupestre”, que forma parte de Cuaderno de quejas y contentamientos. Mi exégesis se basará en los aportes de la retórica aristotélica, de la Retórica General Textual de Stefano Arduini (2000) y de la Retórica de la Argumentación de Chaïm Perelman (1989). De Aristóteles (Retórica III, 2, 1414b 10-1420a 5), tomaré la división del discurso en cuatro partes: exordio, narratio, argumentatio y epílogo. Asimismo, emplearé la categoría de “campo figurativo” (ámbito cognitivo que permite situar un conjunto de figuras retóricas) de Arduini, así como la clasificación de los argumentos planteada por Perelman.

 A)Análisis de “Muestra de arte rupestre”

            Leamos este poema:
Io sono stanco.
¿Para esto matrimonio?

Mis hijos viven en una jaula de locos,

rodeados de extraños agrupados

vagamente con el nombre de parientes.

En el pequeño jardín

nadie sabe de quién son los pañales,

de quién las camisas, de quién el aire.

Si me descuido

me cambian un hijo por otro.

¿A quién echarle la culpa?

¿A la matrona en esencia bondadosa?

¿A mi mujer, plena de amor y desde hace años

Embrujada por un verso que me costó noches en vela?

¿A mí mismo, de tristes oficios?

Mi sueldo (y el tuyo lector)

no alcanza.

Muchos miran con envidia estos ingresos.

Y hay en el Perú varios millones peor que nosotros.

¡Quiero una casa! Sueño.

Engels, de profeta, opinaba que aquí,

con este sistema, no hay solución al asunto.

Con rabia y sin vergüenza

sobre las páginas de Engels,

salen con duelo mis lágrimas corriendo.

Quiero una casa. Sueño. Io sono stanco.
Maldigo. Yo soy el muerto en vida.
El que hace reglamentos. (Martos:2012)

 A.1) Las partes del texto argumentativo

   Pienso que este poema está formado por las cuatro partes del texto argumentativo, vale decir, el exordio, la narratio, la argumentatio y el epílogo. El exordio está constituido por los dos primeros versos, pues allí se plantea el problema por resolver para el locutor. Cabe mencionar que el primer verso está constituido por palabras en italiano. En este idioma, es posible omitir el sujeto de la oración, de manera que era pertinente decir: “Sono stanco” (estoy cansado), pero el locutor ha optado por el sujeto explícito con el funcionamiento del pronombre “Io”, particularidad que le da mayor fuerza subjetiva al poema.           

     La narratio, impregnada por componentes argumentativos, abarca desde el verso 3 al 20. Aquí el locutor cuenta cómo vive su familia en una verdadera “jaula de locos”, pero el empleo de interrogaciones sucesivas evidencia un tono argumentativo. La argumentatio empieza desde el verso 21 hasta el 26 y allí se observa un argumento de autoridad basado en una afirmación del filósofo marxista Friedrich Engels. Por último, el epílogo manifiesta la conclusión que implica el empleo de una definición (“Yo soy el muerto en vida”) al final del poema y revela la respuesta que el locutor da a la problemática inicial: “¿Para esto matrimonio?” La tesis del locutor es que el matrimonio es sinónimo de muerte.mbito de la cotidianidad. hijos y ello conlleva una ineluctable crisis de valores en el  el  de la oraci

   De otro lado, cumple un papel fundamental, en la estructura argumentativa, un paratexto (Genette:2001) imprescindible: el titulo del poema. “Muestra de arte rupestre” evoca las figuras del arte mal llamado “primitivo” que se hicieron en superficies rocosas como cuevas en el Paleolítico. ¿Por qué el poeta optó por ese título? Definitivamente, para hacer coincidir su arte con el de las cuevas de Altamira a través de la idea de que su casa no es solo una jaula, sino una cueva en el ámbito de la modernidad capitalista. En esas condiciones, el artista construye su arte, vale decir, en medio de la carencia y erige su tono de protesta social contra un sistema económico que se basa en la explotación y en la crisis de los valores morales.



A.2) El campo figurativo de la metonimia y las relaciones de contigüidad.

     En este poema, predomina el pensar metonímico porque el locutor percibe, sobre todo, las relaciones de contigüidad entre los sujetos y objetos. En dicho ámbito cognitivo, tenemos, en primer término, la metonimia de continente en vez de contenido: “casa” en vez de la familia que vive allí dentro. Cuando el hablante afirma que desea una casa, en realidad, está diciendo que anhela tener una vida más reconfortante y humana con su familia. También es pertinente señalar el empleo de una metonimia de instrumento, pues “pañales” está en vez de niños pequeños, y “camisas” en lugar de “hombre adultos”. Cuando el emisor asevera que no se sabe de quién son los pañales, en verdad, remarca que los hijos están cosificados en la sociedad capitalista. Se cambia los pañales como se cambian los hijos y ello conlleva una ineluctable crisis de valores en el ámbito de la cotidianidad.

      Otro campo figurativo importante es el de la sinécdoque, en vista de que las relaciones inclusivas son esenciales en “Muestra de arte rupestre”. El pensar sinecdóquico enfatiza cómo el jardín (parte) forma parte de la casa (todo). Así como en la casa hay deshumanización, esta última se percibe también en el jardín.

     Un tercer campo figurativo es el de la metáfora. La casa es vista como una “jaula de locos” y ello subraya de qué manera hay una animalización del ser humano, pues en la jaula viven los animales y no los hombres; asimismo, no es concebida como un recinto ordenado, sino lleno de caos y donde predomina la locura.

    Existe, además, un emparejamiento conceptual (Lakoff y Johnson 1990), donde la megametáfora (con mayúsculas) y las estructuras  metafóricas son las siguientes:



LA CASA ES CAOS

El jardín es enajenamiento

Los hijos son presos en una jaula de locos

Los parientes son extraños en la casa



    Ello muestra cómo el sentimiento de extrañeza y de enajenamiento triunfa en una casa caótica, donde habita una familia presa del desorden y de la deshumanización. Los padres no saben con certeza cuáles son sus hijos ni sus parientes. En tal sentido, la diferencia entre lo propio y lo extraño parece haberse esfumado de modo súbito. Aquello que sucede dentro de la morada del hablante representa lo que pasa en la sociedad moderna de cariz capitalista: la crisis generalizada de valores morales y el predominio de la instrumentalización en un mundo donde predomina de la injusticia en el campo de las relaciones económicas y se deja de lado de la solidaridad y el respeto por el otro.

 

A.3. El locutor y las técnicas argumentativas

    En “Muestra de arte rupestre”, se emplea un locutor personaje que busca influir poderosamente en el alocutario representado (el lector como actor en el mundo representado) para que este tome conciencia de que, en la sociedad capitalista, siempre reinarán la enajenación y la deshumanización en el ámbito de las relaciones familiares.

   Todo poema es concebido como un macroacto de habla (Mayoral:1987) desde el punto de vista pragmático, por eso, “Muestra de arte rupestre” es una afirmación de cómo el caos preponderará siempre en la sociedad moderna donde reina la racionalidad instrumental.

    El locutor emplea determinadas técnicas argumentativas para convencer al alocutario. En primer lugar, hay argumentos cuasilógicos, entre los cuales destaca el basado en una definición: “Yo soy el muerto en vida./ El que hace reglamentos”. Allí tenemos la clase (“el muerto”) y los rasgos específicos (“en vida” y que “hace reglamentos”).  Dicha conceptualización se sustenta en el campo figurativo de la antítesis porque implica la oposición entre la vida y la muerte. Se trata de un muerto que, a través de ciertos reglamentos, busca poner orden en un mundo irremediablemente caótico.

    En segundo lugar, hay el funcionamiento de argumentos que se basan en la estructura de lo real. Por ejemplo, el locutor utiliza el argumento de autoridad: Engels es visto como un profeta y se fundamenta la idea de que en la sociedad capitalista no hay posibilidad de tener una existencia auténticamente humana. Asimismo, observamos un argumento de coexistencia de índole sinecdóquica, pues hay un rasgo de un individuo o grupo que lo caracteriza de modo rotundo. “Stanco” (cansado) es la característica que mejor particulariza al locutor personaje; la pobreza económica es el rasgo por antonomasia de los peruanos según “Muestra de arte rupestre”.

   En tercer lugar, reconocemos algunos argumentos que fundamentan la estructura de lo real. Verbigracia, el modelo de conducta digno de imitar (representado por la matrona bondadosa) y el antimodelo (encarnado por el sistema capitalista que es visto de modo negativo, pues se sustenta en la explotación económca). Además, hay un argumento basado en el ejemplo cuando el locutor remarca que “En el pequeño jardín/ nadie sabe de quién son los pañales…” porque se subraya una situación específica que sirve para fundamentar la idea de que el caos ha triunfado en la modernidad capitalista debido al triunfo de la racionalidad instrumental. Otro argumento importante es el de la ilustración que se utiliza no tanto para fundamentar como el ejemplo, sino para mostrar una regularidad ya admitida por la mayoría: Mi sueldo (y el tuyo lector) /no alcanza./”; vale decir, casi todos saben que la pobreza económica está generalizada en el Perú.fica﷽﷽﷽﷽﷽﷽ subraya una situaciec ejemplo cuando el locutor remarca que en el jardtivo, pues se sustenta en la explotacientada po

    En lo que concierne a la disociación de las nociones, hay dos oposiciones esenciales en el poema: vida vs. muerte; lo propio vs. lo extraño. En la definición “Yo soy el muerto en vida”, reconocemos cómo la antítesis entre ambos conceptos caracterizan al hablante. También, en “Muestra de arte rupestre”, vemos de qué manera los parientes cercanos (propios) son vistos como extranjeros (léase intrusos) en la casa del locutor.

    En lo que respecta a la interacción de los argumentos, puedo afirmar que el argumento de autoridad (la paráfrasis de las ideas de Engels) se complementa, de modo pertinente, con la cita  de la Égloga I de Garcilaso, el poeta toledano: “salid sin duelo lágrimas corriendo”. Ello le da fuerza argumentativa al poema objeto de análisis.



A.4) Visión del mundo y modernidad de élite

     Marshall Berman (1988) precisa que la modernidad constituye un conjunto de experiencias vitales que implica una promesa de transformación (tanto del mundo cuanto del propio sujeto), pero que, de modo simultáneo, amenaza nuestra identidad y saber. Por su parte, la modernización está constituida por los procesos de índole socioeconómica que configuran la ciudad moderna (por ejemplo, la industrialización o la urbanización) y que crean las nuevas tecnologías y los modelos de comunicación de masas. También es posible referirse a la modernización del lenguaje poético o narrativo; por ejemplo, César Vallejo moderniza, en el Perú, el lenguaje poético en los años veinte del siglo pasado. El modernismo, en cambio, está conformado por la tradición cultural (visiones del mundo y escala de valores) que reflexiona, de manera crítica, acerca de la experiencia de la modernidad y de las secuelas de la modernización.

     "Muestra de arte rupestre” es una crítica demoledora, en los años sesenta, de cómo la modernidad capitalista, basada en la racionalidad instrumental, condena al hambre y a la carencia a millones de individuos en el Perú. En tal sentido se trata de una modernidad de élite, rechazada por el locutor, quien plantea un tono de protesta y la necesidad perentoria de transformar las estructuras capitalistas para que se realice una modernidad inclusiva que evite la explotación de índole económica. Esta visión del mundo se correlaciona con el auge de las ciencias sociales en el Perú de los años sesenta, pues se crea la Escuela Académica Profesional de Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos  en 1961 y se funda el Instituto de Estudios Peruanos en 1964.

    De otro lado, Marco Martos como poeta moderniza, en Cuaderno de quejas y contentamientos (1969), el lenguaje literario de su época a través de la inclusión creativa de giros coloquiales y de la asimilación no solo del discurso de las ciencias sociales (recuérdese la referencia a Friedrich Engels), sino también del legado de la poesía peninsular (de ahí la alusión al verso de Garcilaso de la Vega). Ello se compagina perfectamente con la publicación de poemarios como Comentarios reales (1964) de Antonio Cisneros, donde también se observa el funcionamiento de una poesía conversacional.

CODA

    Marco Martos es uno de los grandes poetas de la denominada generación del sesenta. Ha sabido manejar diversos tipos de estrofa y diferentes inflexiones y temas a lo largo de varias décadas de proficua labor creativa. Asimismo, maneja el relato breve, el ensayo literario y el comentario periodístico con garbo y sabiduría. Como catedrático, ha dirigido, durante décadas, el taller de poesía de la Universidad de San Marcos junto a Hildebrando Pérez y Carlos Garayar Se trata de uno de esos grandes creadores de lengua castellana que ha sabido, a lo largo de los años, mantener, incólume, su vena creativa. Discípulo de Wáshington Delgado y de Jorge Puccinelli, Martos podría decir con Borges que se enorgullece de las innumerables páginas que ha leído y transmitido fervientemente a sus discípulos.










BIBLIOGRAFÍA



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MARTOS, Marco. Poesía junta. Obra reunida, t.1, vol.1. Lima: Ed. San Marcos    Academia Peruana de la Lengua, 2012. Edición, prólogo y cronología de         Gladys Flores.

PERELMAN, Chaïm y OLBRECHTS-TYTECA, Lucie. Tratado de la          argumentación. Madrid: Gredos, 1989.