domingo, enero 30, 2011

CENTENARIO DE JOSÉ MARÍA ARGUEDAS


Nacido en Andahuaylas en 1911, antropólogo que comparó las comunidades indígenas del Perú con la de España, investigador de la literatura oral, narrador en castellano y poeta en quechua, José María Arguedas es uno de los nombres imprescindibles de nuestra tradición literaria. Es difícil, quizá imposible, resumir su aporte a la cultura latinoamericana. Su obra tiene disímiles aristas, mas pienso que Los ríos profundos (1958) es tal vez la cumbre del escritor andahualyno por la forma como se sumerge en el pensar mítico andino a través de una prosa llena de la magia de la poesía y de una oralidad que resuena, con sus propios giros, en el ámbito de la escritura. Personajes como Ernesto, Antero, Lleras, Valle, el padre Director y la opa Marcelina configuran una atmósfera llena de conflictos sociales y religiosos que representa, en un microcosmos, el Perú y su frustrado proyecto de constituirse en un país que dé cabida a las diferentes culturas que habitan en su seno. El río Pachachaca, la María Angola, los colonos hacen que la vivencia individual de los personajes que viven en el internado de Abancay, se enlace con el río de la historia y el magma creciente de los conflictos sociales. En 2011 se celebran los cien años del nacimiento de José María Arguedas. Más allá de los discursos de los políticos que aprovechan esta fecha para sus propios fines, creo que es un momento de reflexión: ¿hemos aprendido la inaplazable lección que nos dejó José María? ¿Hacemos un esfuerzo por "vivir feliz todas las patrias", como él lo anheló de modo creciente en su fecunda existencia? El mejor homenaje al escritor andahualyno será no solo leer sus libros, sino en reconocer al otro, vale decir, al diferente cultural, religiosa o socialmente. Sobre la base del reconocimiento del otro, avanzaremos en la senda de constituir un país donde reine la equidad y en cuya diversidad cultural podamos reconocernos a nosotros mismos.

lunes, enero 03, 2011

UN NUEVO POEMARIO DE MARIELA DREYFUS


La poesía femenina tiene, en el Perú, ilustres representantes, entre las cuales cabe destacar no solo a la poeta Amarilis, quien dirigió una célebre epístola a Lope de Vega, sino a Blanca Varela cuyo soberbio dominio del verso la convirtió en una de las escritoras fundamentales de la llamada generación del cincuenta. Podemos enumerar nombres como Carmen Ollé o Rocío Silva Santisteban para caracterizar el auge de la voz femenina en nuestras letras. El caso de Mariela Dreyfus (Lima, 1960) es ciertamente digno de mención. Integró el polémico grupo "Kloaka" junto a Domingo de Ramos y otros escritores en los turbulentos años ochenta, atravesados por la violencia y el desencanto. Se inició con un promisorio poemario, Memorias de Electra (1984), luego fue configurando un estilo que llegó a uno de sus momentos más notables con Placer fantasma (1993), libro que obtuvo el premio de poesía de la Asociación Peruano-Japonesa en 1992. Comparte con Rocío Silva Santisteban el cultivo del ensayo como género; su formación académica en una universidad estadounidense y la aproximación a un tipo de "poesía erótica" (definición discutible, sin duda) que resulta siendo un cuestionamiento profundo de las estructuras patriarcales de poder. Actualmente, Mariela reside en los Estados Unidos y es profesora universitaria en Nueva York. También cabe resaltar su proficua labor como traductora, pues ha vertido al español poemas de autores como Allen Ginsberg y Silvia Plath.
Morir es un arte (2010) es un poemario dedicado a su madre. De ello da fe la dedicatoria: "i.m. Bertha Vallejos de Dreyfus: mamá". Desde los primeros intensos versos esa predilección alza vuelo: "el mar me abre su vientre/ me cobija sus olas son el amarillo/ maternal esa caricia lejana". El elemento marino, en tanto símbolo maternal, semeja un espacio hacia donde el yo avanza de modo irremediable, como si quisiera enfrentar el destino, de manera que se tejen recuerdos como si fueran olas que se rozan con las rocas.
En otros momentos, aflora el tema de la enfermedad. "Marfil" es un poema muy ilustrativo al respecto: escrito en verso corto y punzante a través del uso de los encabalgamientos. Es un crudo retrato de la agonía: el cloroformo, la necrosis al lado de un honda reflexión sobre el tiempo que "taladra" a los seres humanos, como si quisiera acercarlos a la indomable orilla de la muerte.
Dreyfus intercala, con sagacidad, poemas sobre la maternidad con otros que desarrollan el amor de pareja. En "Instantánea", hay un diálogo entre la literatura y la fotografía a través del recuerdo omnipresente de la madre, casi una intertextualidad enriquecedora entre lo visual y lo auditivo. En "Aviso", hay un recorrido por la textura del deseo: "En un viaje volcánico tú y yo/ la oscura piel perlada de sudor,/ los pliegues que avizoran/ un deseo acechante, adrenalino".

Tono coloquial que establece un equilibrio con el fluir de las metáforas. Enjuiciamiento de la muerte como un hecho que compromete la totalidad de la existencia: "Los que hemos contemplado la muerte/ también oímos su respiración". Un buen poemario de Mariela Dreyfus.