sábado, diciembre 27, 2008

YO TENÍA UN CRISTAL QUE REFLEJABA.../ EFRAÍN MIRANDA

Yo tenía un cristal que reflejaba
la imagen invariable de un mundo:
Hosca o alegre siempre tuvo algo que darme.

Pero llegaron días en que la imagen creció;
mi cristal, entonces, se hizo frágil
y no pudiendo contenerlo más ¡se rompió!
y una nueva luz penetró tras los pedazos.

A veces intento reconstruir mi antigua imagen,
fragmentos livianos que volaron al infinito
o fragmentos pesados penetrando en el mar;
pero allá --muy arriba--
o aquí --muy abajo--
perturban quietudes sagradas
que mi pecho quiere revelar.


De Muerte cercana

Efraín Miranda (Puno, 1925), poeta de la generación del cincuenta. Ha publicado Muerte cercana (1954), Choza (1978), Vida (1980) y Padre Sol (1998).

jueves, diciembre 25, 2008

DISCURSIVA Nº 2


Acabo de terminar de leer el segundo número de la revista Discursiva, dirigida por Doris Calderón. Se trata de un volumen interesante, centrado en los estudios de género. Como plato fuerte tiene una entrevista a la poeta e investigadora Rocío Silva-Santisteban, quien distingue entre estudios de género (que enfatizan el abordaje de "la construcción cultural de la diferencia sexual"- p. 37) y la literatura escrita por mujeres; en tal sentido, los primeros pueden analizar la masculinidad en relación con las estructuras de poder, mientras que la segunda subraya la necesidad de asediar el universo semántico que subyace a la obra de Clorinda Matto de Turner, Blanca Varela, Carmen Ollé, etc. Rocío también afirma que las mujeres, a partir de los años ochenta, han privilegiado el cuerpo y la urbe como dos temas esenciales. En efecto, pienso que el cuerpo es uno de los ejes de El libro de barro y Ejercicios materiales de Varela; también constituye la columna vertebral de Noches de adrenalina de Carmen Ollé o de Ese oficio no me gusta de la propia Rocío.

Discursiva trae textos de creación. Debo admitir que no he podido encontrar ningún poema valioso, salvo algunos esfuerzos de Zoilo Rodríguez. Hay excesiva simplicidad y varios lugares comunes, por lo general, en estos poemas. En el género narrativo, vemos la interesante incursión de Óscar Alfonso en el microcuento y el tema de la violencia recreado, de modo fecundo, por Stuart Flores en "La guerra según Octavio". Los ensayos también manifiestan algunos problemas. Hay desorden expositivo en "Literatura de la violencia y agencia femenina" de Krys Palacios: no hay un hilo conductor que conduzca el desarrollo de la argumentación; y un cierto contenidismo que inunda los primigenios trabajos de Margarita Babilonia ("El exilio como búsqueda de la mujer-intelectual en la novela Las dos caras del deseo de Carmen Ollé") y de Guissela Gonzales ("El universo poético de María Emilia Cornejo"). La perspectiva de género es muy interesante si es que se asume sin descuidar el análisis de los aspectos formales de un relato o un poema.

En lo que respecta a las reseñas, cabe destacar la de Christian Elguera, quien comenta la aparición de Humanismo y crítica democrática de Edward Said. Me cautiva cómo el autor de Orientalismo enfatiza el retorno a la filología como base de un nuevo humanismo debido a que esta se preocupa por el acto de leer: "El trabajo que se desarrolla en 'El retorno a la Filología' es, pues, una manera de reforzar la convicción en el individuo concreto en tanto es él quien realiza la lectura y se alimenta de ella" (p. 49).

La sección "Viñeta cultural" ilustra al lector sobre los últimos concursos y congresos realizados en el Perú desde julio hasta diciembre de 2008. Hay también una parte de la revista que se llama "La página que sobra", dedicada a la caricatura, que me parece un aporte digno de resaltar.

En síntesis, un número disparejo de Discursiva. Creo que los editores quizá pudieran ser más rigurosos en lo que concierne a la selección de los textos por publicar. Me ofrezco personalmente, si fuera posible, a colaborar en elegir los mejores poemas y ensayos, y así dar un pequeño grano de arena que sirva para elevar el nivel de esta importante publicación realizada por un perseverante grupo de estudiantes sanmarquinos.

miércoles, diciembre 24, 2008

LOS REINOS DE DENISSE VEGA FARFÁN

Ayer hice una reseña acerca del último libro de Carlos Orellana que obtuvo el premio de la Asociación Peruano Japonesa en 2008, ahora me toca comentar otro poemario galardonado: Una morada tras los reinos (2008)* de Denisse Vega Farfán, quien se alzó con el premio "Poesía joven del Perú 2008", otorgado por el Centro Cultural de España. El volumen se estructura en dos planos: un yo poético desarraigado, sin rostro conocido y cuya permanencia es una incógnita en el mundo; y un segundo nivel, donde se percibe otra voz que intenta lograr que el yo poético (primer plano) llegue a una autoconciencia crítica acerca de su condición en el mundo. La idea suena interesante porque la poeta busca renovar aquella poesía que, heredera del vanguardismo de Huidobro o de la imaginería surrealista, se sostiene en el suceder de una metáfora tras la otra y trata de alejarse, por lo general, del lenguaje coloquial: "le huyo a la noche/ al sol de los paganos/ me alimento con el pan que nadie quiere/ me embriago con el silencio que el hombre ignora". El manejo del ritmo y el escandido de los versos evidencian un oficio innegable; sin embargo, no se observa una diferencia, en cuanto a la norma lingüística, entre las dos voces (dos planos: uno en letra normal y otro en cursiva) que disertan a lo largo del libro. Hubiera sido quizá necesario más contraste entre ambos hablantes con el fin de que la orquestación dialógica se enriqueciera más.

Los temas que desarrolla este libro son, entre otros, la crisis de la noción de trascendencia ("no hay reinos/ no hay nada diferente a esta montaña de polvo"), el poder infestado por los disvalores que pueblan el mundo ("y esta ciudad el reino/ poblado de reyes que compran almas")y la muerte de los inocentes como secuela del ejercicio de la violencia en el universo cotidiano ("los encontré muertos/ sobre el pedernal// degollados corderos").

La palabra "reino" es polisémica, pues alude a una ciudad casi llena de muertos o asfixiada por la violencia; pero también hace referencia al "reino" de Dios en la tierra, que, en realidad, se ha convertido en un espacio absolutamente deshumanizado: "no sé si por mi rostro corre azufre/ o las resonantes palabras de los muertos".

Una morada tras los reinos es un libro bien estructurado, sin caídas, pero donde todavía no asoma un tono personal ni intransferible. Percibo un buen conocimiento de la tradición literaria, pero quisiera ver más de Denisse Vega y menos de sus maestros. Espero que la siguiente entrega colme estas expectativas.


*Vega Farfán, Denisse. Una morada tras los reinos. Lima: Lustra Editores/Centro Cultural de España, 2008.

martes, diciembre 23, 2008

LOS CIEGOS DE CARLOS ORELLANA


Pienso, como muchos, que todo concurso de poesía entraña alguna dosis de arbitrariedad. No resulta sencillo saber elegir cuál poemario será el ganador. Depende, sin duda, del gusto de cada uno de los integrantes del jurado. Sobre gustos y colores no hay nada escrito --reza el conocido refrán. No es fácil ponerse a discutir acerca de las preferencias personales, que, como su nombre lo indica, depende de las lecturas de cada individuo: ¿cuáles son los límites de lo justificado y de lo arbitrario? No tengo una respuesta definitiva aquí, solo tanteos, vacilaciones y una enorme incertidumbre.

Que esta breve introducción nos sirva para comentar la aparición de Soñar de ciegos (2008)* de Carlos Orellana, libro que obtuvo el primer premio en el VI Concurso Nacional de Poesía "José Watanabe Varas", convocado por la Asociación Peruano Japonesa. Debo admitir que, en todos los casos, los volúmenes que han obtenido este galardón me han parecido consistentes: El amor rudimentario de Carlos López Degregori, Placer fantasma de Mariela Dreyfus, Poca luz en el bar y otros poemas de Jaime Urco, por ejemplo, son textos muy bien estructurados y de una vasta capacidad sugestiva. El poemario que motiva esta reseña no es una excepción a la regla.

Provisto de un buen manejo rítmico, Orellana se inserta en el ámbito de la poesía conversacional, que tiene en José Emilio Pachecho y Antonio Cisneros a dos de sus representantes más ilustres. Uno de los rasgos medulares de esta escritura es su tono desmitificador que, en Soñar para ciegos, se asume con un inflexión personal. Orellana desmitifica las ruinas arqueológicas de Roma antigua, pues la Piazza Navona o la Puerta Flamínea terminan opacadas al lado de las bellas piernas de una joven romana de inquietante belleza: "Desde una mesa observo las piernas vivas de las jóvenes romanas". El yo poético prefiere las toronjas a los rascacielos de Tokio. El maquinismo resulta desenmascarado: "Veo a estos jóvenes copular con máquinas,/ Obtener orgasmos de un modo casi obsceno y criminal". Los poetas italianos aparecen en situaciones tan cotidianas, de manera que se habla de Umbertito Saba o de Salvatore Quasimodo comiendo jamón del norte en el Cordano. La belleza de las mujeres de antaño agoniza "En los obituarios de 'El Comercio'". Se busca la lírica en los bolsillos propios, como si fuera una moneda que se arroja en el vacío. Se cuestiona, como Rimbaud, la llamada racionalidad instrumental que reduce lo racional a lo útil: "Solo me sumerjo en ese vacío imperfecto/ que se llama prosperidad y que cada día entiendo menos./ La economía es enemiga de la poesía".

Soñar de ciegos es un libro que se lee con fluidez y transparencia. Los versos corren como el borbotear de un manantial y combinan las metáforas con expresiones directas. A la manera de Pacheco aunque sin la densidad conceptual de este, Orellana se sumerge en una poesía desacralizadora. Los íconos son derribados por un manojo de versos en la soledad de la noche.

*Orellana, Carlos. Soñar de ciegos. Lima: Asociación Peruano Japonesa, 2008.

domingo, diciembre 21, 2008

DOS ÓPERAS PRIMAS (2)


Hace algunas semanas comenté la aparición de Poema encarnado (2008) de Dante Ramírez; ahora quisiera dedicar algunas líneas a Fragilidad de lo visible (2008) de Alex Morillo. Como todo poemario de búsqueda de un estilo personal, el libro de Morillo posee algunas virtudes: acertado manejo de metáforas y de series enumerativas que manifiesta la tentativa de alejarse de la poesía conversacional, por ejemplo. Sin embargo, observo también el uso algo monótono de los tiempos verbales, pues se emplea casi siempre el tiempo presente, pero este no se contrasta (salvo excepciones, como "Pastor de retazos") con el pasado. En el poema en verso libre el contraste salta a la vista. El cambio de tiempos verbales es un recurso, sin duda, esencial. Puede permitir que el texto adquiera mayor nivel de complejidad. Objetaría también una postura algo conservadora respecto de la tradición literaria. En Fragilidad de lo invisible faltó una mayor dosis de experimentación formal porque es pertinente subrayar que en la poesía lírica la exploración de nuevas vías de expresión cobra un inusitado relieve. No se puede escribir un poema, actualmente, rindiendo quizá demasiada pleitesía a la tradición literaria. Se requiere un actitud cuestionadora y crítica.

En lo que respecta a los temas, tenemos la espera como posibilidad de consumación de la relación amorosa: "Espérame donde el mar se convierte en un animal invertebrado"; "La azotea de mi casa es una espera de concreto". Asimismo, está el rito como estructura temática, donde se alude a esta actividad motriz muy vinculada al sacrificio ("el paisaje del sacrificio que acaba/ en nuestros dedos de panadero"). Por último, la fragilidad en tanto tema evidencia una poética donde se reflexiona acerca del carácter precario de la página en blanco que debiera albergar el contenido de los versos: "Se trata de un solo papel albergando todos los poemas".

Fragilidad de lo visible es un poemario interesante que, no obstante, deja ver sus límites. Revela a un artista en ciernes, cuya palabra aún no logra delinear un tono personal. Se trata de un fruto primigenio que anticipa, sin duda, lo que pudiera lograr Morillo cuando logre amansar, sin perder vigor ni sed experimental, el fuego de las palabras.

EN LA PLAZA MAYOR DE LIMA/ CARLOS ORELLANA

Con furia nada desdeñable,
Un muchacho y una muchacha
se besan.
Es la correcta gramática del amor,
Practicada por los pájaros.
Comparar a los pájaros y a los muchachos es legítimo.
Y más allá de toda consideración poética
Hay la necesidad de devolverle a la naturaleza
La medida de todas las cosas.
Sin embargo estos jóvenes no son lección para nadie;
Son solo una circunstancia baladí
En medio de los grandes temas que en letras
Profundamente negras
Tratan los grandes periódicos, el Parlamento Nacional,
Los viejos edificios donde cada mañana
Las aves se aman y procrean
Distraídamente.

De Soñar de ciegos (2008)

Carlos Orellana (Callao, 1950). Ha publicado los siguientes poemarios: Mapa de sueños, Aguas, La ciudad va a estallar & otros poemas y Los simulacros de Venus. Con Soñar de ciegos obtuvo el primer premio en el VI Concurso Nacional de Poesía, premio "José Watanabe Varas", organizado por la Asociación Cultural Peruano Japonesa.