viernes, marzo 30, 2007

POETA SELENCO VEGA GANA PREMIO DE CUENTO COPÉ 2006



Selenco Vega Jácome (Lima, 1971) acaba de obtener el trofeo Copé de Oro en el Premio de Cuento 2006 que convoca Petróleos del Perú, en mérito a su notable relato “El mestizo de las Alpujarras”, que narra la historia del Inca Garcilaso de la Vega en las Alpujarras (sierras de Granada, España) para defender a Felipe II de la última sublevación morisca. Selenco Vega ha obtenido el primer puesto en los siguientes certámenes: Concurso Nacional de Poesía “César Vallejo” (1994), Cuento de las 1000 palabras de la revista Caretas (1995) y Concurso Nacional de poesía “El poeta joven del Perú” (1999). Se licenció en Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde también concluyó estudios de Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana. Ha publicado Casa de familia (poesía,1995), Parejas en el parque y otros cuentos (1998) y Reinos que declinan (poesía, 2001).
Desde este espacio virtual, le hacemos llegar nuestra más sincera felicitación.

domingo, marzo 25, 2007

DOS POEMAS DE BLANCA VARELA

JUSTICIA

vino el pájaro
y devoró al gusano
vino el hombre
y devoró al pájaro
vino el gusano
y devoró al hombre

NOCHE

vieja artífice
ve lo que has hecho de la mentira
otro día

de Canto villano (1972-1978)


Blanca Varela (Lima, 1926). Destacada poeta de la generación del 50. Entre su poemarios, destacan Ese puerto existe (1949-1959), Luz de día (1960-1963) y Valses y otras falses confesiones (1964-1971).

viernes, marzo 23, 2007

PINK NAILS / GABRIEL BAZALAR LOPEZ

ya no me dejaré morir entero y tu cuerpo es una catedral de noche un paraíso
de sangre y agua,
mi debilidad siempre cae de pie ante las raras necesidades
tu eres el ángel que cayó del techo de mi soledad y yo un drogadicto
una novia real un ser perfecto una noche que no termina
ya ha pasado lo peor aquellas lunas que se jodan
el incesto en mi pecho mariana duerme y yo no puedo dormir
imagino que otra vez me puedo ir pudriendo lentamente pero
angelito de rouge necesito algo blanco para despegar
cristales burdeles de puertas de bronce
un universo artificial de frases que se van rompiéndome completamente
mientras en el fondo te vas desconectando de mí
nos sostienen los excesos y nos contamina
la tragedia de una relación por el momento congelada


Gabriel Bazalar López. Nacido el 26 de febrero de 1981 en Callao (Lima).

jueves, marzo 22, 2007

CONFLUENCIAS / JUAN ANTONIO GONZÁLEZ-CANTÚ

Adusto tiempo el que marcó mi era,
peregrinar aciago en universo vario,
hasta que un sendero de inefable alcance,
surgió en perpendiculación al paso tuyo.

Hubo dilación en la vereda al andar,
y se llegó a apreciar el canto de labriego,
con ese aroma diletante de leña al fuego,
y de hogaza en su molde al crepitar.

El calor de la senda abrasa y armoniza,
la errante brújula encuentra su magneto,
y el sextante añejo degusta el horizonte.

Así es que aprecio la mies en tu molienda,
retornando a aquellos senderos bifurcados,
que tasaron su fragancia con tu brisa.




Juan Antonio González-Cantú (1950), México-EEUU, poeta que también escribe cuentos y ensayos de crítica literaria. Es Profesor Asociado del Departamento de Letras Hispánicas de la Universidad de Texas en Brownsville y editor del Anuario de Letras Hispánicas El Novosantanderino y de la Revista de Creatividad Literaria De Puño y Letra. Ha publicado su poemario Itineransias en 2005.

domingo, marzo 18, 2007

LA SÉPTIMA Y ÚLTIMA CARACTERÍSTICA DE LA POESÍA MODERNA



El séptimo rasgo de la poesía moderna
[1] es que el poeta formula la poética de la obra abierta (sustentada teóricamente por Umberto Eco[2]). Es decir, el poema se torna en un objeto inacabado, abierto a múltiples interpretaciones, no controladas por el autor. Es como si fuera una partitura que debiera ser ejecutada por el receptor. La poesía moderna (a partir de Charles Baudelaire y de Walt Whitman) crea esa partitura y deja al lector la posibilidad de que la ejecute con la mayor libertad posible.

En la literatura medieval y en la renacentista la poética de la obra abierta no aparecía de manera clara. En la Comedia de Dante la estructura tripartita (Infierno, Purgatorio y Paraíso) responde a un modelo teológico rígido que reduce, en cierto modo, las posibilidades de exégesis. No es posible imaginar que el infierno sea el paraíso porque ello significaría quebrar el sistema de la institución medieval que subyace al texto de Dante.

En la poesía renacentista de Garcilaso de la Vega o en la ascética de Fray Luis de León, la recurrencia a ciertos tópicos horacianos (como el carpe diem o el beatus ille) hace que el discurso poético se interprete sobre la base del modelo previamente fijado por la tradición. Si el poeta aborda el carpe diem, entonces el lector tiene que realizar la exégesis del poema poniendo de relieve la noción de la vida fugaz, la cual debiera ser disfrutada por el individuo. Si se desarrolla el beatus ille, entonces se trata de un alejarse del “mundanal ruido” con el fin de cultivar ciertos valores espirituales.

Desde el Barroco comienzan a manifestarse (según Eco) algunos rasgos de la poética de la obra abierta aunque no de manera consciente. Indudablemente, la arquitectura, la novela y la poesía barrocas son un estímulo al empleo de la imaginación por parte del receptor. Las Soledades de Góngora, con su habitual hermetismo, abre una ingente cantidad de posibilidades interpretativas. El empleo de las antítesis en los sonetos conceptistas de Quevedo constituye una invitación al uso de la fantasía en el proceso de interpretación.

Sin embargo, es a partir del Simbolismo francés en el siglo XIX (parangonable al Impresionismo pictórico de Monet y Renoir) cuando la poética de la obra abierta es asumida con plena madurez. Paul Verlaine decía que la música era lo primero en un poema porque abría múltiples posibilidades de interpretación. Stéphane Mallarmé afirmaba que el poeta debía sugerir y no explicar el sentido del poema. En la idea de sugerencia está implícito el concepto de que el lector debiera completar, con su imaginación, el sentido que el autor apenas ha esbozado.

NOTAS
[1] Véase, en los archivos de enero de 2007, el ensayo sobre las siete características de la poesía moderna.[2] Cf. Umberto Eco. Obra abierta. México, Ed. Origen/Planeta, 1985.

sábado, marzo 17, 2007

UN POEMA DE JAVIER SOLOGUREN

PARA QUÉ EL CIELO...

Para qué el cielo,
la luna en el cielo,
la luz de la luna en las olas,
las olas en el mar,
el mar en mi corazón,
si hay otro mar distante
que no encierra mi corazón,
otras olas en ese mar,
otra luz de luna en esas olas,
otra luna en ese cielo,
y otro cielo.


De Otoño, endechas (1959)


Javier Sologuren (1921-2004), poeta y ensayista peruano de la Generación del 50. Entre sus poemarios, destacan Estancias (1960), Vida continua (1971), Folios del enamorado y de la muerte (1980), entre otros.

jueves, marzo 15, 2007

LA SEXTA CARACTERÍSTICA DE LA POESÍA MODERNA



La sexta característica de la poesía moderna (1) está tomada de un libro clásico sobre el tema: La estructura de la lírica moderna de Hugo Friedrich. Se trata del fenómeno denominado disonancia. ¿En que consiste? El poema tiende a producir en el lector una suerte de “hechizo” unido a una sensación de ininteligibilidad o de incomprensibilidad. Es decir, el receptor se identifica afectivamente con el mensaje que ha esbozado el poeta, pero no puede descifrar con precisión el sentido que se desprende de los versos. Un ejemplo clave está en Trilce XXV:
Alfan alfiles a adherirse
a las junturas, al fondo, a los testuces,
al sobrelecho de los numeradores a pie
(2).

Obviamente, el poema de César Vallejo hiere la sensibilidad al lector, lo “hechiza” debido a la hiriente potencia que manifiesta la asociación de fonemas y significados; mas el receptor está en dificultades para precisar el significado del texto.


También en la poesía de Stéphane Mallarmé se percibe ese fenómeno. Las palabras “atrapan” al lector, pero exigen de este una ardua imaginación para reconstruir el hilo significativo del discurso poético. Lo que sucede es que el poeta moderno (por ejemplo, T. S. Eliot en Tierra baldía) tiende a crear su propia simbología; en cambio, un poeta renacentista como Garcilaso de la Vega toma sus tópicos de la antigüedad grecolatina (el carpe diem, por ejemplo) y permite que el lector pueda desambiguar el sentido del mensaje.
Indudablemente, hay antecedentes de la disonancia en la poesía barroca de Góngora, pero en la lírica moderna (a partir de Charles Baudelaire) la mezcla de “hechizo” e incomprensibilidad se intensifica y hace del acto de leer un poema un acto esencialmente creativo.
NOTAS(1)Véase en los archivos de enero de 2007 las siete características de la poesía moderna. Estamos desarrollando, por separado, cada característica.

(2)El verbo "alfar" significa, según el diccionario de la Real Academia Española, "levantar demasiado el caballo el cuarto delantero, en los galopes u otro ejercicio violento, sin doblar los corvejones ni bajar las ancas".

martes, marzo 13, 2007

POEMAS DE GLADYS MABEL D'ANGELO


ACERCA DE MÍ

Acerca de mí…
bajo una luna de alquitrán
que me quema,
sobre una tierra
que se atrevió a llamarme hija
y luego me tapó
con un abecedario
de palomas gastadas;
acerca de mí…
una cautiva más de esta selva,
de sus abismos,
de sus pozos profundos,
de sus alcantarillas
que rebalsan humedad
y negocian porque sí
el último suspiro de los pájaros;
selva inviolable
de acero,
de cemento,
donde la indiferencia desborda en marquesinas,
donde las manos eligen vegetar en los bolsillos,
donde se mueren las sonrisas
en la brutal intimidad de gente que habla sola,
que camina muy lento
porque a nadie le importa el ritmo de sus pasos;
acerca de mí…
que intento levantar
a un astro
que cayó de rodillas,
desde este punto tragicómico del planeta
que tiene forma de ciudad
ciudad de muchos
tal vez de pocos
o
sólo mía.



ES TIEMPO

Es tiempo de marchar
agoniza el reloj,
las agujas se muerden sin reproches,
las horas se derrumban
(mezcla de rabia, de furor, de escalofrío);
es tiempo de seguir
el vuelo de algún pájaro,
de redimir al cielo
de beber de su divina transparencia,
de absolver a ese mar
que siempre me negó
la boca blanda de una orilla;
es el momento exacto
para vaciar la candidez de mis bolsillos
y llenarlos de abstractos
de polvo
o terciopelo;
llegan mañanas blancas,
la tierra en su quietud
se acordará de mí
me pondrá entre las manos
dos monedas de nácar
y yo le pondré en los labios
un gemido distinto
que le erice la piel;
en busca de un lugar
eclosiona mi voz
(paloma mensajera),
en busca de una flor,
de una huella perdida,
de una lágrima más
que me alargue los pasos,
de un encuentro furtivo,
de un pueblo despoblado,
de un juego insobornable de estaciones,
de un rito
de una quimera
o de un paisaje carnal
que me muestre un porque
más allá de los ojos.



Gladys Mabel D'Angelo (Buenos Aires, 1957). Actualmente reside en Buenos Aires, exactamente en la ciudad de Escobar. No tiene libros publicados, pero sí ha dado a conocer poemas en varias antologías (Editorial Nuevo Ser y De los cuatro vientos, entre otras).

domingo, marzo 11, 2007

DOS POEMAS DE JORGE EDUARDO EIELSON


SOLO DE SOL

sólo el sol
el sol solamente
solo en el cielo
y yo tan solo
a solas con el sol
sonrío simplemente



POESÍA EN A MAYOR

estupendo Amor AmAr el mAr
y vivir sólo de Amor
y mAr
y mirAr siempre el mAr
con Amor
mAgnífico morir
Al pie del mAr de Amor
Al pie del mAr de Amor morir
pero mirAndo siempre el mAr
con Amor
como si morir
fuerA sólo no mirAr
el mAr
o dejAr de AmAr

de Tema y variaciones (1950)

viernes, marzo 09, 2007


JORGE EDUARDO EIELSON EN EL RECUERDO

Hace un año nos dejó Jorge Eduardo Eielson (1924-2006), quizá el más grande poeta peruano de la segunda mitad del siglo XX. Su obra se despliega entre la prosa, la plástica y la poesía. Propugnó un arte total donde se dan cita las más diversas manifestaciones del genio creativo; hizo caligramas, novelas poéticas y extraordinarias perfomances.
Estuve en Milán el año pasado en febrero para dar una charla en la Universidad de Bergamo y quise conversar con él personalmente, pues me había escrito dos cartas donde me agradecía, muy gentilmente, las ideas vertidas en mi libro Las huellas del aura. Lamentablemente, no fue posible: el poeta se hallaba bastante delicado de salud y solo tuvimos una escueta conversación telefónica. Quisiera dejar constancia de la extraordinaria poesía de Eielson transcribiendo el poema “Reino primero”, perteneciente a Reinos (escrito en 1944 y publicado en 1945):


Sobre los puros valles, eléctricos sotos,
Tras las ciudades que un ángel diluye
En el cielo, cargado de heces sombrías y santas,
El joven defiende a la joven.
Contemplan allí al verde, arcaico Señor
De los cedros, reinar furtivo en sus telas,
Guiar la nube esmeralda y sonora del mar
Por el bosque, o besar los abetos de Dios,
Orinados por los ángeles, la luna y las estrellas:
Manzanas de amor en la yedra de muerte
Ve el joven, solemnes y áureos cubiertos
En la fronda maldita, que un ciervo de vidrio estremece.
La joven, que nada ya es en el polvo sombrío,
Sino un cielo puro y lejano, recuerda su tumba,
Llueve e irrumpe en los brazos del joven
En un rayo muy suave de santa o paloma.

martes, marzo 06, 2007

LA QUINTA CARACTERÍSTICA DE LA POESÍA MODERNA



El quinto rasgo de la poesía moderna
[1] es que en ella hay la tendencia a un cruce de géneros. En la Poética de Aristóteles se distinguían, fundamentalmente, tres géneros: la tragedia, la comedia y la épica. No hay un espacio considerable dedicado a la lírica. Para Aristóteles, no era pertinente el cruce de los tipos discursivos, es decir, en la comedia hablaba la gente del pueblo; en cambio, en la tragedia se expresaban los individuos de la aristocracia.

En la poesía moderna, por el contrario, suele observarse una vocación anti aristotélica, pues vemos caligramas (poemas que dibujan una figura como una manzana), donde observamos una mixtura entre la plástica y la poesía. También constatamos el funcionamiento de poemas teatrales, donde los personajes suelen dar parlamentos, hecho que se evidencia en “El momento más grave de mi vida” de César Vallejo o Coros de “La piedra” de T. S. Eliot.

Asimismo, en la lírica moderna se manifiesta un lirismo prosaísta, por ejemplo, en la obra de Ernesto Cardenal (los Salmos, por ejemplo), donde se realiza un proceso de secularización (los valores religiosos son vistos como terrenales) a través de una escritura cercana a la denuncia política con el fin de concientizar al lector para que asuma una determinada posición ideológica.

También, en la modernidad, se practica una poesía que une la épica a la lírica: me refiero al Canto general de Pablo Neruda, estructurado en series y que busca –a la manera de un poeta épico moderno—recrear la historia del continente latinoamericano. Por último, en la poesía imaginista de Ezra Pound y en Tierra baldía de T.S. Eliot hablan varias voces: una estructura coloquial convive con la cita erudita o con una ideograma (en el caso de Pound) en chino.

Lo anteriormente manifestado es una muestra más de la heterogeneidad discursiva que prepondera en la poesía moderna y que, de alguna manera, remite a la tradición romántica. No debemos olvidar que Víctor Hugo propugnaba, en el prólogo a Cromwell (1827), que lo grotesco (“la comedia fundida en la tragedia”
[2] o la mezcla de diversos tipos discursivos) era el rasgo fundamental de la modernidad.



NOTAS
[1] Véase, en los archivos de enero de 2007, el artículo sobre las siete características de la poesía moderna. Estamos desarrollando, por separado, cada característica.
[2] Víctor Hugo. Manifiesto romántico. Barcelona, Ed. Península, 1971, p. 47.

sábado, marzo 03, 2007

LA TERGIVERSACIÓN DE ALGUNOS VERSOS DE CÉSAR VALLEJO


Políticos y periodistas suelen citar, con inusitada frecuencia, la siguiente expresión atribuida a César Vallejo: “Hay, hermanos, muchísimo que hacer”. Sin embargo, esa supuesta cita implica una tergiversación de algunos versos del poeta de Santiago de Chuco, pertenecientes a “Los nueve monstruos”, que, a la letra, dicen:

Señor Ministro de Salud: ¿qué hacer?
¡Ah! desgraciadamente, hombres humanos,
hay, hermanos, muchísimo que hacer.

Vallejo incorpora el adverbio “desgraciadamente”, lo cual implica un cambio radical de sentido. Así manifiesta una predilección por estructuras antitéticas y contradictorias.

El hombre debiera incorporar, de manera creativa, la noción de sufrimiento en su diario laborar. El dolor, parece decirnos Vallejo, perfecciona, si presupone la idea de transformación social y de utopía entendida como un proyecto político, destinado a la inclusión del otro y a la realización de los ideales de justicia y de libertad.

Por lo tanto, el mensaje de los versos de Vallejo poco tiene que ver con la cita –absolutamente fuera de contexto— atribuida, por políticos y periodistas, al poeta de Santiago de Chuco. Algunos confunden el grano con la paja y no leen ni interpretan, de modo riguroso, los aportes acuñados en nuestra tradición literaria.

SOBRE LA TRASLACIÓN DE LOS RESTOS DE CÉSAR VALLEJO / WÁSHINGTON DELGADO

Antes de morir dijo César Vallejo:
“No volveré al Perú mientras le quede
piedra sobre piedra.” Y no volvió,
muerto se quedó en París, enterrado
en el viejo cementerio
de Montrouge. Sus huesos errabundos
allí reposan, desde mil novecientos
treinta y ocho.
Casi cincuenta años
han pasado, en mil novecientos ochenta
y seis estamos. En el Perú, aún quedan
unas piedras sobre otras piedras.
Las gentes ilustradas de una lejana Lima
discuten si traerán los huesos,
si no los traerán.

Se escriben artículos,
se pronuncian discursos, se presentan
mociones, circulan manifiestos,
arrinconados siguen los huesos de Vallejo
en Montrouge, adonde llegan a veces
un nostálgico estudiante peruano
para meditar en el Perú o en la poesía
o en su propio melancólico destino;
así lo escribe después y eso
también ha de tenerse en cuenta.

¿Tienen importancia estos viajes,
traslaciones, artículos, discursos
alrededor de unos huesos? ¿Qué decir
en cambio de este libro, de ese reloj,
de aquel sombrero? En viajes fotografías
registrados están. Vallejo los usaba,
soportaba o leía en París
de los frondosos castaños primaverales,
junto a su muerte querida y su café.
Con desvaído gesto auscultaría Vallejo
ese reloj de peruana plata, en sus horas
de inquietud o añoranza, ahora
estará ya deshecho o no habrá
de funcionar o acaso alguien
contemplará intrigado
las iniciales de su tapa:
CAVM.

Aquel sombrero,
hoy apolillado o en polvo convertido,
fue nuevo alguna vez y Vallejo lo paseaba
por los bulevares de París.
Este libro tendrá notas al margen,
palabras subrayadas
o tampoco existirán.

Reloj, sombrero, libro
pertenecieron a Vallejo como
sus tristes huesos. Más tristemente aún:
Sus huesos se conservan
en una oscura tumba de Montrouge,
hacia la cual a veces alguien
se encamina o piensa en ellos y un día
acaso vuelvan al Perú. ¿Quién, en cambio,
recuerda el sombrero, el reloj, el libro? ¿Quién
lo traerá al pedregoso Perú, a la inhóspita
Lima, a las entrañables alturas de Santiago?
Guardados o perdidos, hechos polvo
u oliendo a naftalina, este libro,
ese reloj, aquel sombrero, ¿no tienen
también cierta importancia?

Se me dirá: Los huesos de Vallejo
nacieron con él, viajaron con él
por mar y tierra, a muchos países
y ciudades, murieron con él
y fueron siempre suyos. El sombrero,
el reloj, el libro los adquirió
cuando era un hombre maduro o cansado.
Acaso ese reloj fue un regalo
de su hermano mayor, en el Perú perdido.
Tal vez compró el libro en librería
Rosay, de Lima, y el sombrero
en una tienda del bulevar Haussman,
tal vez no compró nada, no
le regalaron nada, los tuvo simplemente
sin mayores razones. En todo caso
no nacieron con él como sus huesos,
ni murieron con él. No fueron siempre suyos
desde que abrió los ojos a la luz
en las serranías del norte del Perú
hasta que los cerró para siempre
en la clínica Arago de París.
El argumento es bueno, pero no sirve.
Mucho antes de estas historias
de huesos y relojes, de libros y sombreros,
en una cálida tarde trujillana
o en las frías alturas de su sierra natal,
César Vallejo escribió:”Todos mis huesos
son ajenos, yo tal vez los robé”. Invadido
por una delicada tristeza, todavía
agregó: “Yo vine a darme lo que acaso
estuvo asignado para otro”. Escritas
y leídas estas palabras, qué cosa
podemos afirmar que perteneció a Vallejo
¿unos huesos guardados en la tierra
hoy fúnebre, antaño laboriosa
de Montrouge?, ¿un reloj y un sombrero,
unos libros, un bastón y unos guantes
perdidos o deshechos bajo el peso
impalpable del tiempo?

De Vallejo sólo es un poco de aire líquido
cuando se leen sus versos, un poquito
de luz cuando se lee, por ejemplo:
“Mientras la onda va, mientras la onda viene,
cuán impunemente se está uno muerto.”

de Cuán impunemente se está uno muerto (2003)


Wáshington Delgado Tresierra (1927-2003). Poeta peruano de la Generación del 50 y autor de los poemarios Formas de la ausencia (1955), Días del corazón (1957), Para vivir mañana (1959), Parque (1965), Tierra extranjera (1968), Destierro por vida (1969), Un mundo dividido (Poesía 1951-1970) (1970), Reunión elegida (Antología personal) (1988), Historia de Artidoro (1994) y Cuán impunemente se está uno muerto (2003).

viernes, marzo 02, 2007

VIVIR CON/ ROLANDO REVAGLIATTI

Mara se negó a vivir con Albert
Albert se negó a vivir con Geraldine
Geraldine se negó a seguir viviendo con Enrique
Enrique se negó a vivir con Ireneo
Ireneo se negó a vivir con sus hijos
Los hijos de Ireneo se negaron a vivir con la madre de Ireneo
La madre de Ireneo se negó a seguir viviendo con su marido
El marido de la madre de Ireneo se negó a vivir con Elvira o con Amelia
Amelia y Elvira se fueron a vivir juntas
pero negándose a vivir también
con la prima de Elvira, Clarisa
Clarisa se negó a volver a vivir con Rogelio
Rogelio se negó a vivir en el remordimiento
de haberse negado siempre a vivir con Ofelia
y ahora espera que en tiempo y forma
la pólvora activada en ese grosero
collar que rodea su cuello
lo explote en el aire.

Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945). Ha publicado dos volúmenes de cuentos y relatos, uno de dramaturgia y quince poemarios, además de El Revagliastés (antología poética). Once de sus libros cuentan con ediciones electrónicas disponibles, por ejemplo, en http:://www.revagliatti.com.ar