sábado, octubre 28, 2006

JOSÉ MARÍA EGUREN, POETA FUNDADOR/ CFC


La crítica literaria en el Perú adolece de muchas deficiencias. En primer lugar, no ha podido desarrollar una autorreflexión epistemológica suficientemente rigurosa; en otras palabras, no ha problematizado el funcionamiento y operatividad de ciertas categorías útiles para el análisis textual. En segundo término, no ha abordado el estudio minucioso de algunos autores claves de nuestra tradición poética. Por eso, quedan algunos vacíos que debieran ser llenados en los próximos años.
El caso de José María Eguren (1874-1942) es ciertamente ejemplar. Su poemario Simbólicas (1911) constituye, sin duda, la fundación de la poesía contemporánea en el Perú porque significó el alejamiento del paradigma romántico y la asimilación de los aportes del Simbolismo francés.
Cronológicamente, Eguren es, en el Perú, el primero que asume la idea de que el poeta es un operador de lenguaje. Para él, la poesía se hace con palabras y no con ideas. Por lo tanto, Eguren es consciente del papel del significante en la estructuración del poema.
De otro lado, Eguren toma distancia del paradigma romántico. El Romanticismo poético en el Perú careció de originalidad y no se independizó de los modelos hispánicos. No bebió, con suficiente creatividad, de las fuentes directas del romanticismo alemán o inglés. Además, implicaba una hipertrofia del yo como centro del universo. Faltaba un distanciamiento del objeto y una óptica impersonal. Por el contario, el locutor (aquel que “cuenta” algo en el texto poético) revela, en muchos poemas de Eguren, una perspectiva exterior y objetiva. Tal es el caso del poema “El Duque”:


Hoy se casa el Duque Nuez;
Viene el chantre, viene el juez
Y con pendones escarlata
Florida cabalgata

En este texto no hay marcas del yo gramatical; más bien, predomina el funcionamiento de dos personajes (el Duque y Paquita). Se incorpora de modo innovador el ludismo en la poesía peruana contemporánea. Los cargos aristocráticos son vistos de manera lúdica y disueltos en la propia estructura poética a través del empleo del humor.
La poesía es un juego para Eguren, quien así socava las raíces de la racionalidad instrumental y se opone a la óptica grandilocuente de Chocano. Éste creía en una poesía dirigida a un gran auditorio; en cambio, Eguren cultiva una escritura hermética que presupone un lector activo que complete la significación del texto. Para Chocano, el lector modelo sería alguien que no sólo leyera, sino que escuchara la recitación del texto poético; para Eguren, aquel lector sería un ente activo, un creador de sentido.
Sin embargo, Eguren no fue comprendido plenamente por la denominada Generación del 900. Por ejemplo, Riva Agüero nunca entendió el mensaje de Simbólicas[1]. Fueron los miembros de la Generación del Centenario (en especial, Mariátegui, Basadre y, sobre todo, Estuardo Núñez) quienes valoraron el mensaje de Eguren. Por su parte, Mariátegui, lo situó como un representante del período cosmopolita de la literatura peruana. Núñez publicó un libro en 1932 que significó, en rigor, la fundación de la tradición crítica sobre la poesía de Eguren y allí evidencia el carácter innovador de éste. Hay una preocupación de Núñez por el análisis textual que resulta fundamental en los años treinta en el Perú.
Quisiera enfatizar, en este breve artículo, dos aspectos de la lírica de Eguren. El primero es la creación de un universo poético que tiene su propia lógica y donde hay personajes, como la niña de la lámpara azul y el andarín de la noche, que presuponen un lector que deje de lado la biografía del autor real y se concentre en la lectura creativa de los poemas como estructuras autónomas y autárquicas. El discurso poético, de ese modo, adquiere visos de autonomía en el contexto de la tradición literaria peruana.
El segundo aspecto es la manera como el mensaje de Eguren se articula al desarrollo del vanguardismo en el Perú. Esta correlación no ha sido suficientemente estudiada. Eguren ya no es un modernista, pues no cultiva el preciosismo ni el exotismo de Rubén Darío. Además, el autor de Simbólicas duda de su capacidad de conocimiento y allí radica su modernidad.
En efecto, el sujeto moderno es aquel que duda de la posibilidad de un conocimiento total y se proclama como sujeto de un supuesto saber, porque percibe sus límites y asume su incapacidad de captar la totalidad como una virtud que permite problematizar las relaciones entre el sujeto y el objeto de conocimiento.
En la poesía peruana, Eguren es el primero cronológicamente que --lejos de la óptica de aquel Chocano demasiado seguro de su propio saber--indaga por la imposibilidad de conocer la esencia de las cosas. En “La Pensativa”, se afirma:


La vi en rosados barandales
donde lucía sus briales;
y en su faz bella vespertina
era un pesar en la neblina…

Luego marchaba silenciosa
a la penumbra candorosa;
y un triste orgullo la encendía,
¿qué pensaría?


Esa duda del locutor en este poema anticipa las complejas reflexiones de los vanguardistas acerca de las relaciones entre el lenguaje y el mundo real. El saber, para Eguren y los vanguardistas, está hecho a base de silencios, de quiebres discursivos y no nos queda sino complacernos en el fragmento y contemplar nuestras propias limitaciones para aprehender el objeto de conocimiento.
Este año se cumplen sesenta años de la muerte de José María Eguren y consideramos que este poeta merece nuevos estudios, congresos y homenajes porque, sin duda, es el fundador de la poesía contemporánea en el Perú.

(Lima, 2002)


[1] El pensamiento de Riva Agüero no permite comprender el desarrollo de la poesía contemporánea. Por ejemplo, él no pudo valorar la originalidad de la poesía de Rubén Darío.

martes, octubre 24, 2006

CONTRA EL BIOGRAFISMO EN EL ANÁLISIS DE POESÍA/ CFC


Reducir el texto poético a una página biográfica constituye un craso error. Claro está que el crítico debe conocer la biografía del autor, pero la poesía es una ficción y, por lo tanto, no se debe confundir el locutor (instancia que habla en el poema) con el autor real, persona de carne y hueso que tiene nacionalidad, documento de identidad y pasaporte. Uno de los ejemplos más ostensibles de biografismo se da en la crítica de Luis Alberto Sánchez, quien se concentró más en la vida de los poetas coloniales que en la obra de éstos. Pienso que es conveniente separar a la obra de la trayectoria vital de su autor. Uno de los primeros que realizó este procedimiento fue el psicólogo suizo Carl Gustav Jung en su artículo “Psicología y poesía” (Formaciones de lo inconsciente. Barcelona, Paidós, 1982, p. 24): “La gran obra de arte es objetiva e impersonal, y sin embargo nos toca en lo más profundo. Por lo tanto, lo personal del poeta es meramente ventaja u obstáculo pero nunca esencial para su arte. Su biografía personal puede ser la de un filisteo, de un hombre cabal, de un neurótico, de un loco o un delincuente, interesante e inevitable, pero no esencial respecto de su arte”.